Lugares que se te quedan pegados para siempre; incluso, cuando deseas olvidarlos... se reconstruyen en tus nuevas moradas. Es entonces cuando te haces consciente de los vínculos que te unen a esos lares deseados o indeseados pero que permanecen dentro de ti con persistencia.
Paisajes tenaces que se dejan oler para retro-alimentarse.
Lugares que se te quedan pegados para siempre; cuando deseas recordarlos se hacen difusos a su capricho.
Paisajes irreducibles por todo lo que nos alimentan.
Hoy si hablaré de OT y de Selvas Vírgenes porque sé que estás ahí. Eres un@ de mis animalit@s receptiv@s, ausente en la luz a veces, en otras camaleónico en formas, colores e incluso extrañamente neutral cuando te place.
Voy a contarte lo que en el mundo mundano no se quiere oír:
- Siempre serás etern@ por naturaleza, mi fe lo ha instaurado así.
- Por encima de ti, sólo estará la superioridad y el pato.
- No tendrás ni tiempo ni espacio para lo que imaginas, pues ninguno de los anteriores existe animal.
- Descodificas a través de mi código mutable: la Selva Virgen, ese que has hecho tuyo y de otr@s. Ese que en principio, tampoco fue mío.
- Como tu mundo interior no es mundano te disfrazas de crápula, de gris o de human@; por eso tienes cobijo en OT.
- Tu hocico te cuenta que te vigilo y aciertas, porque eso soy: Qhawa.
- Entre tú y yo no hay un cordón umbilical, sino dos independientes que nos alimentan de la misma placenta.
- Yo soy zorra y tu animal, ambos, receptivos entre nosotr@s y coherentes con la humanidad.
Y ahora que te he contado lo que sabías, que las flores están fuera y que a la Luna la miro por ti. Me subiré en una vulgar de entre mis escogidas nubes y descansaré para seguir hablando de un mundo mundano donde las manzanas sean sólo frutas.
Es confortable sentir el aire de cara y el regreso a donde deseas estar pero sin todo lo que te sobraba antes.
Adoro la distancia de observar y la visceralidad de vivir la vida, pero ambas son difíciles de combinar y más aun de compatibilizar con las directrices independientes de la razón, el sentir y el deseo, esos grandes gobernantes de la vida, de mi vida.
Pero si el aire en la cara me da paz, es porque siento el equilibrio del mundo natural, y si el regreso a donde deseo estar me desahoga, es porque me he despedido del ruido y entumecimiento humano.